Cuando escucho a los “líderes espirituales” diciendo que cada quien elije sus padres cuando encarna, pienso que en mi anterior paso (si es que existe) por este valle de lágrimas he sido masoquista, pero después me doy cuenta que un verdadero líder espiritual no decreta, acaso ellos recuerdan sus encarnaciones? Mentiras marketineras.
Mi padre fue una persona equibrada entre el bien y el mal, nadie podría haberlo catalogado de maldito aunque hizo cosas terriblemente malas, ni de santo aunque haya dejado cosas maravillosas en este mundo. La explicación lógica es que nadie es 100% malo ni 100% bueno, pero en su caso era un extraño 50 y 50.
Mi madre en cambio es 100% mala pero en una sociedad en la que domina el matriarcado aunque se vista con piel de machista, se considera malo decir que tu madre es mala, y la mía lo es. Quizá existan madres con otro tipo de maldad, las que matan a sus hijos, las que los entregan por dinero o droga, no lo discuto, pero el caso de mi madre me hace ver que vivimos en un mundo en que las batallas que peleamos día a día son las de las creencias y las del marketing, las otras las genuinas nos quitan menos energía que éstas, por eso en éste matriarcado no se ve con malos ojos hablar mal de un padre pero si de una madre.
Por ejemplo, la sociedad se acomoda a la usanza. Al cumplir mis 50 años a pesar de que soy de la generación que vivió su sexualidad a pleno, me encuentro con que otras mujeres con las que he compartido salidas y viajes, hoy cuentan su historia de vida incluyendo solamente dos hombres con quienes han compartido las sábanas, aunque creo que en su interior han perdido el numero genuino de ayes de amor con diferentes pieles, voces y caricias; en cambio los hombres que no tenían una alta perfomance sexual, cuentan la historia al revés, todos fueron Casanova y la historia así no lo refleja.
En éste siglo XXI, las nuevas parejas que pasan los 50 se sustentan en dos mentiras fundamentales, se engañan que está formada por una Carmelita descalza y un James Bond, y creo que sería mejor sincerarse y decir que simplemente son un hombre y una mujer.
Es complicado vivir un mundo de mentiras, donde hay que ajustar la realidad a lo que el mundo quiere oir. Qué pasaría si por un tiempo probáramos contar la verdadera historia, yo creo que la vida sería más fácil.
Propongo evitar estas pequeñas batallas estériles esa que nos plantea a diario la hipocresía. Concentrarnos en los grandes desafíos es lo que nos va a ayudar por lo menos a ser mejores personas. Lo intentamos?

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