Sentir que el alma vaga por los recuerdos, es sinónimo de que no está cómoda en el lugar actual, y es doloroso, porque se dispara con las emociones y es difícil vivir.

En lo personal estoy transitando un momento extraño, un momento ying-yang donde sufro las consecuencias no buscadas de la locura ajena y la felicidad que a pesar de lo apedreada que fui, estoy saliendo de a poco adelante.

Sin embargo, a pesar de los logros, necesito la compañía de mi alma, pero ésta se dispara a lugares lejanos, algunos que ni siquiera sabía que aún moraban en alguna dimensión de mi mente, y otros de mi corazón.

Días pasados pensaba en el gran amor de mi vida, y soñaba que a pesar de ese final inconcluso algún día lo cruzaría en algún aeropuerto como en una película romántica, y por otro lado pienso que eso es como sacarle hojitas al yuyo en vez de arrancarlo de raíz, para que no siga abonando las malezas del terreno.

Y acá sigo caminando, en la cuerda floja, a veces con red y otras sin ella, con la esperanza de reencontrarme con mi alma.

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