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Extrañaba estos viernes a la tarde, sentada sola en un café, saboreando uno de los buenos, y disfrutando de mi cabeza y mi corazón.
No les habla mi ego, es mi cable a tierra, poder disfrutar de este tiempo con un café en la mano.
Poco es el tiempo, no llega a una hora, pero es el momento es que se limpia la batería del ácido, donde desaparece la ponzoña que provoca el día a día, la inseguridad, el temor de no llegar a fin de mes, la incertidumbre que da ver achicarse día a día el sueldo.
Ese ácido que corroe los pensamientos, sale imponente a distribuirse en tus arterias, en tu estómago, y ahí es donde te preguntás… ¿si yo me hice un chequeo y estaba bien?” claro, el chequeo no mide el ácido corrosivo, pero ahí está para destruirte.
El cafecito de los viernes me limpia los bornes y de ese modo el ácido no llega en su estado más puro. Claro, nadie está excento de la corrosión, pero al no llegar en su más alto grado de pureza, todo lo que nos suceda es remediable.
Por eso, pensalo como alternativa, sentate una hora en un café sola/o una vez a la semana. Vas a ver que el mundo cambia aunque sea por un rato y lo vas a ver con lentes de color rosa.

Patricia Sierra, desde Buenos Aires, República Argentina

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