Vivimos tiempos convulsionados en Argentina, aunque en realidad en ésta bendita tierra no sabemos de tiempos tranquilos.
Cansados de estar condenados a la pena de muerte, muchos argentinos han decidido tomar el toro por las astas, es decir, hacer justicia por mano propia.
Los “comunicadores sociales” no llaman a psicólogos, sociólogos o filósofos para analizar el caso, ni siquiera a moralistas porque sintiéndose en el podio por tener aire, ellos ejercen el rol de excelsos jueces de la verdad, la moral, y todo tiene justificación para los soldaditos de la corrupción, los delincuentes son “pobres chicos excluídos del sistema”, y leyendo entre líneas dicen que quienes estudiamos, trabajamos, merecemos ser asesinados por estas personas.
No es cierto que quienes sean pobres deban ser delincuentes por defecto, hay mucha gente pobre que se levanta de noche, viaja en un transporte pésimo, soporta las peores condiciones para llevar el mango para parar la olla en la casa, entonces la explicación que dan para justificar a los delincuentes no es creíble, más en un país que tiene educación gratuita y no estudia quien no quiere. Acá tanto el pobre como el rico, puede llegar a ser Doctor, Ingeniero o Licenciado, solo es aplicarse el tiempo que utilizan para robar.
Ayer la señora Presidente se dirigió a los argentinos pidiendo que se termine la violencia, buen intento, pero un poco tarde.
La señora que junto a su fallecido esposo enarbolaron la bandera de los Derechos Humanos, hoy no quiere ver que hay más muertos en los períodos presidenciales desde 2003 a la fecha por inseguridad, que los desaparecidos que tuvo Argentina en la última dictadura militar.
Quizá le parezca “romántico” que los muertos de los ’70 tenían ideales, yo le voy a contar a la señora presidente, que todos los muertos por inseguridad, también tenían ideales, futuro, una familia para sustentar y no tenían porque sufrir la pena de muerte instaurada por los delincuentes, y aceptada por un estado que crece como carpa de circo que lleva animales maltratados.
Se desgarran las vestiduras porque los vecinos hacen justicia por mano propia, yo le pido a la señora Presidente y a los “Comunicadores Sociales”, que no castiguen al vecino, porque la pregunta del millón es: ¿por qué nunca se castigó a los delincuentes que nos matan día a día?
Los que trabajamos y sustentamos este sistema perverso que nos excluye, estamos viviendo con la sombra del verdugo permanente, y ante un robo, un intento de asesinato, en ese delincuente los vecinos vemos el rostro del verdugo.
Hace años que se veía venir el fenómeno de la justicia por mano propia, que aunque creo que podrían llegar a pagar justos por pecadores, simplemente el vecino ocupa el agujero que dejó el Estado.
¿Cómo creció el narcotráfico? Porque el Estado no ejerció los controles suficientes, y la historia es la misma en todo el mundo. Recuerdo en 1993 estuve en Colombia, yo no podía creer como los colombianos defendían a Pablo Escobar, hasta que un día hablando con una señora me dijo:

Pablo Escobar construyó escuelas, cárceles, hogares para ancianos. Si un jubilado no tiene dinero, lleva su receta de medicamentos a los lugares que nos indican, nos sellan la receta y nos dan los remedios gratis.

Extrañada con la defensa de la señora, le dije: “lo que hace éste señor, es dinero del narcotráfico” a lo que me respondió:

Pablo Escobar manda la droga a Estados Unidos, y si los Gringos la deja entrar, es porque les conviene…

Claro, eso era la ausencia del Estado y Pablo Escobar se metió donde no había nadie.
Los narcotraficantes se convirtieron en okupas del Estado, y la culpa no es del tipo que se desloma trabajando, es la culpa de los gobernantes que narcotizados por el poder y el dinero se perdieron la oportunidad de gobernar, se perdieron el tren de pasar a la historia en el relato del pueblo, no de un historiador revisionista pagado con el dinero de las arcas de los jubilados.
Nadie mira lo que está pasando en Rosario, es muy GRAVE. Muchos taxis y remisseros no entran a determinados barrios, porque se sabe que poca gente sale viva de ahí.
Señora Presidente, aún tiene la oportunidad de hacer historia. Mande al carajo a todos sus obsecuentes, pida las ESTADISTICAS REALES de lo que está sucediendo. Si en vez de que los vecinos nos veamos obligados a ejercer la justicia por mano propia el Estado empiece a ajusticiar a los delincuentes, asesinos y narcotraficantes, pasará a la historia como la mujer que hizo el cambio. Todavía tiene tiempo. Usted se autodenominó como “la madre de todos los argentinos”, y una madre protege a sus hijos.

Patricia Sierra, desde Buenos Aires, República Argentina

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