Fuego sagradoMuchas veces escuché en mi vida, que se hablaba que tal o cual artista había perdido “el fuego sagrado”. Nunca podía entender cómo se perdía, ya que mi comprensión de lo que era “tener el fuego sagrado”, tenía que ver con los dones o las gracias que Dios nos había dado, hasta que en un momento fui yo la que perdió todas las gracias.

Yo era la chica sexy y adornada. Sabía coser, bordar y abrir la puerta para ir a jugar. Hacía música, cantaba, bailaba, actuaba, escribía, sonreía y además tenía mis pequeños dones intelectuales, que aunque para muchos eran grandes, mi ambición me hacía comparar con los que sabían usar el cerebro con propiedad. No me consideraba experta en nada, y creo que esa fue la clave de abrazar el periodismo, nuestro oficio hace que siempre en una reunión podamos hablar de todo, pero en pocas cosas profundizar. Escribiendo ésto creo que quienes elegimos esta profesión no solo nos especializamos en el trabajo de hablar de todo sin profundidad sino que en nuestra vida tampoco emocionalmente hemos llegado al tuétano.

Mi psicólogo me conoce hace como 25 años, no estuve en terapia permanente, 20 años después volví con 20 kilos demás y veinte mil problemas extra. Hoy toqué fondo, le dije que me sentía como un malabarista que tenía más pelotas de las que podía manejar.

Es curioso, nunca apoyé al feminismo, mis parejas fueron bastante machistas, sin embargo empecé a vestirme de feminista, pantalones y remera, a medida de que subía de peso me olvidaba de las polleras. Buenos Aires no es “friendly” con quienes engordamos, acá es firme la convicción que quien engorda se tiene que vestir como un  hombre que el domingo hace un asado en su casa. Es increíble y algo que ayuda a la depresión, en Brasil soy cuatro talles menos que en Argentina. Acá las firmas quieren ver sus ropas en perchas, y se rodean de clientes que su libido pasa por la ropa y no por una pareja, ya que creo que hay pocas personas que quieran abrazar huesos.

Estoy deprimida, a pesar de que me baño, me pinto, trabajo, ayudo a mi hijo a estudiar, me hago cargo de una madre con Alzheimer pero me olvidé de que alguna vez fui una hermosa mujer siempre dispuesta para amar. Hoy soy Robotina, me desempeño en modo automático, y funciono… para los demás, pero a nadie se le ocurre que hay dentro del traje de acero.

En lo que va del año, comencé un montón de dietas, con nutricionista o de motu propio, cada vez las ganas me duran menos, y ante la primer angustia la heladera y las harinas se convierten en mis mejores amigas/enemigas.

Este Blog debería ser más observado por mi persona, cuando pasa mucho tiempo sin escribir, es que empezó la caída libre.

Hoy regreso, quizá a buscar un apoyo para encontrar “la llama azul”, esa que no se apaga, la llama que alimenta al “fuego sagrado”. Quiero volver a ser yo misma, y necesito ese fuego que me impulse.

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