En la era de la comunicación llamamos amigos a quienes directamente no sabemos si lo son.

Estoy con una un gripe horrible como hace años no transitaba. El viernes voy a una guardia y a mi regreso en un estado catastrófico, fiebre, mocos, tos, resfrío, se sienta una mujer a mi lado en el subterráneo. Saca su Blackberry 9320 blanco y se conecta a Facebook. Usualmente no soy curiosa de lo que los demás leen, pero algo en esta situación llamó mi atención. De repente en su pequeña pantalla, aparece el nombre de una amiga mía y de otra que es amiga de ella con que usualmente intercambiamos opiniones pero nos conocemos personalmente. En el momento mi reflexión fue: “Ésta mujer que está a mi lado que me ignora, seguramente conoce mi pensamiento, sabe mi posición frente a determinados hechos, conoce mis angustias y mis alegrías, pero aunque esté a su lado es imposible que me reconozca”. Así fue, ella seguía animada con su Facebook, leyendo, respondiendo mensajes sin siquiera imaginar que ese fantasma engripado que estaba a su lado, probablemente conocía más de ella que su psicólogo o un sacerdote. En ese momento me pregunté, ¿qué sabría yo de ella? Intenté observarla sin llamar su atención a ver si recordaba su rostro, pero claro, todos en Facebook tenemos la actitud de la primera cita, colgamos una foto en las que nos vemos más que bien, y “la belleza real” viene de las genialidades que escribimos, mayormente hurtadas a otras mentes.

Me detuve a observarla por el rabillo del ojo, se veía destruída y triste (probablemente como yo lo estaba) pero la pantallita iluminaba su rostro. Yo tampoco sabía quien era ella, y probablemente sabía más de mí que mi psicólogo.

Los “amigos virtuales” pueden ayudar o destruír. Para mí son la antigua versión del taxista pero modernizada. En otros tiempos el taxista a veces funcionaba de psicólogo, le contabas tus problemas, te daba otra visión, podías usar su opinión o en todo caso te bajabas feliz por haber descargado tus angustias.

La primera señal del mal que puede hacer este tipo de amistades, la tuve en el momento en que estaba luchando a brazo partido por no perder a mi familia, mi entonces esposo me decía “me tengo que divorciar porque me lo dicen mis amigos del chat” porque en el ciberespacio hay tanta gente buena como mala igual que en la vida real, y quizá resguardados por el anonimato simplemente opinan, porque es gratis aunque nadie se lo pida, y la gente carente escucha a esos no autorizados a emitir opinión sin conocer ni el problema ni a las personas, es así que yo fui juzgada y condenada por gente que ni conocía mi cara, razón por la cual las consecuencias no solo las pago yo sino también nuestro hijo. Obvio que no solo tiene la culpa la gente que opina porque es gratis, quienes dan entidad a “los amigos del chat” son peores.

El día del amigo, son todos los días. Yo soy la primera defensora de la amistad, porque yo no creo en la familia si no tiene los lazos de amor que la contienen. Los verdaderos amigos vienen por defecto con lazos de amor incluídos, pero muy poca gente en las redes sociales merece apodarla AMIGO. La palabra AMIGO está devaluada. La gente de dudosa apariencia, esos que ves por la calle y te hacen sostener la cartera más fuerte, siempre se dirigen con el “amigo-amiga” utilizando el vocablo para ganar tu confianza y cometer un ilícito, esos te suelen llamar así. Las redes sociales te “sugieren amigos”. Los amigos los tenés, no te los sugiere una máquina y aparecen. Si sumáramos a los que realmente son amigos, tendríamos a lo sumo cinco o diez personas en nuestro círculo. Por eso, si querés enviá un “Feliz día del amigo” en general, pero a tus AMIGOS, llamalos por teléfono. Si están lejos, tomate el trabajo de enviarle un mail, es lindo que se sienten a escribir algo por vos, que sepan que se tomaron el tiempo. La amistad está devaluada, por eso hoy, dale a tu Amigo/a el valor que realmente merece.

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