Querida mamá:

Después de muchos años de odio y desamor, finalmente está llegando tu ocaso.

Nunca pensé que el ser que más despreciaste y al que lastimaste hasta casi desangrar, se tenga que encargar hoy de soportar tu locura y negociar con ella, y ese ser soy yo.

Pero dentro de esta vorágine desquiciada lo que no entiendo es mi tristeza. Tendría que estar viendo el portal de la liberación, y en cambio lloro por tu final en una cama de un neuropsiquiátrico.

Me dicen que soy estúpida por tener este sentimiento, no lo sé. Quizá me hubiera gustado antes de que llegue este momento, un abrazo, un beso y un te quiero. En cambio recibo maldiciones de tu boca.

Nunca me dijiste te quiero. Recuerdo cuando era una nena que como jamás me habías abrazado me iba al lado de tu cama, mientras dormías te tomaba de la mano e intentaba respirar al mismo ritmo que vos. Me vencía el sueño hasta que me despertaba muerta de frío en el piso.

Nadie sufre el odio verdadero mientras no conoce el desamor de una madre. Ahora que estás ahí encerrada suelo ir a tu casa a buscarte ropa y cosas que necesitás. Mientras busco cosas para asistirte solo encuentro cuadernos con frases hirientes hacia mi persona. Hoy, antes que te vayas definitivamente porque gran parte tuya ya no está quisiera preguntarte por qué me odiaste tanto y hoy con un pie en la tumba lo seguís haciendo.

Una vez alguien me dijo que buscara dentro de mi corazón algo bueno que vos me hubieras dado para perdonarte. Encontré dos cosas, aprendí a colocarme delineador en los ojos mirando como vos lo hacías, y hoy me enseñaste que a mi hijo lo debo amar con todo mi corazón para que no sea triste como yo.

Lamento mamá que te vayas así, espero que Dios te bendiga y que en algún rinconcito de tu corazón recuerdes aunque sea un poquito todo lo que hice por vos.

Que Dios te reciba y te perdone, yo ya lo hice.

Chau mamá

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