Comer y Rezar¡Qué difícil es ser parte de dos siglos! Especialmente éste que no sabemos dónde estamos paradas.

Vivimos buscando algo que nunca supimos donde estaba el equilibrio y el maldito está en todo, en nuestra salud, en nuestra vida, en nuestros amores, en los límites a nuestros hijos, en lo que comemos, en lo que decimos en el trabajo, en la relación con nuestros vecinos etc. Nos pasamos sosteniendo la balanza de un lado y el otro, siempre caminando en la cuerda floja, pero lo que nadie cuenta, es que en los platillos llevamos cosas ajenas, nunca las propias. Es así que fácilmente nos desequilibramos.

Recuerdo cuando era soltera e iba a conocer a alguien todas las amigas aconsejaban: “no digas ésto, no digas lo otro, vestite recatada pero no tanto, no te pongas tacos tan altos porque él es medio petiso”, y así uno armaba un híbrido “equilibrado” con la intención de que ese señor se enamore de alguien que no es ni mucho ni poco.

Una generaba acciones para tratar de mantener ese equilibrio ficticio. Recuerdo que una garantía de salir con alguien y no tener sexo esa noche, era salir sin depilarte las piernas. Obvio, buenas medias o un pantalón lo disimulaba pero a la hora del sexo era un papelón, o sea la garantía funcionaba ya que no te ibas a bajar los pantalones ni las medias por todo el oro del mundo y el señor creía que vos eras una buena chica que no te “entregabas” a cualquiera.

Los años pasaron y uno ve como anécdotas graciosas las acciones que marcaban tu vida. Muchos de esos hombres si tenías sexo el primer día no te volvían a llamar, claro, ninguno sabía que la negativa no era virtud sino varios pelos que daban vergüenza.

Y uno más o menos se fue manejando, no con el ser sino con el “haz como sí…”

Los años pasaron y comenzamos el recorrido: yoga, control mental, meditación, gurúes, libros de autoayuda, y… nada. Todas seguimos en la búsqueda.

Me encanta que la autora de Comer, rezar y amar encontró la manera en que muchas mujeres desesperadas compremos el libro o veamos la película. O sea, ella encontró el equilibrio en el tiempo que invirtió en escribir el libro y las ganancias que le proporcionó. Quien quiera ver la estrategia como una solución, no puede. porque ella tenía dinero para viajar mientras que si estás en Argentina no solo el dinero no te sobra sino que además no podés comprar un miserable dolar para viajar. No obstante pensás que podés comer, rezar y amar en el lugar en que estés, y ¿saben qué?  muchas nos comimos todo, nos pasamos rezando pero el amor nunca llega.

Siempre recuerdo que mi padre un día antes de morir me dijo “en la vida hay dos grandes placeres, la comida y el sexo. Yo ya perdí los dos, o sea, para qué vivir!” Claro, mi padre era un hombre bastante joven con una patología coronaria, pero mi caso, que se asemeja al de muchas mujeres, no tiene que ver con las enfermedades.

La semana pasada estuve en un cumpleaños en el que estábamos varias mujeres solas. La verdad las excusas de todas (incluída la mía) eran muy parecidas. Después de años de pasarla bien sin depilarnos a veces, todas nos casamos, se acabó el amor, cargamos con las responsabilidades de los hijos, la casa, el trabajo, nuestros padres, sumemos a que hay una población masculina gay muy grande, los hombres que quedan solos, muchos tienen patologías y vicios diversos, obvio, los mejores ya están en pareja bajo siete llaves.

El mercado masculino libre es ínfimo. Algunas mujeres no tienen problema en compartir y aceptar el rol de amante. Muchas no queremos aceptar eso, entonces mientras tanto, comemos y rezamos. Amar… por el momento no es una opción a la vista.

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