Noemí en Mar del PlataEstomba 496 era la casa de mi abuela, donde después de venir desde Concordia a radicarse a Buenos Aires mis abuelos, mi papá y mi tío lo hicieron su hogar. Doña Carmen, Don Juan, el Negro y el Coco se instalaron en esa casa, que es para mí la representación de “el hogar”.

Ya estaban instalados cuando nació Noemí. El “Coco” (mi papá) tenía 9 años y el Negro 10. Noemí nació en el Hospital Pirovano un 28 de octubre de 1937, mi abuela, Doña Carmen, contaba que cuando Noemí vino al mundo, se fue sola al Pirovano por un control, y la dejaron porque ya venía. Ella eligió su nombre para su hija, nunca supe por qué se llamó Noemí, pero supe por qué no se llamó Petrona. Mi abuelo Juan, dijo que se llamaría Petrona como todas las mujeres de la familia, ya que Petrona Rosende de Sierra (1) había sido la madrastra del abuelo de mi abuelo, o sea mi chozno. Mi abuela dijo “ninguna hija mía se va a llamar Petrona”, y yo también fui salvada ya que la mujer que siguió en la familia a Noemí fui yo, y dicho sea de paso, le dieron la potestad de elegir mi nombre.

Noemí era una chica especial, no solo fue mi tía, también mi madrina. Era una chica de avanzada, muy estudiosa y una mujer brillante para su época, en la década del ’50 trabajaba y estudiaba dos carreras universitarias, medicina y odontología. Finalmente se decidió por la odontología, lamentablemente poco tiempo antes de concluir, conoció a quien fuera su esposo, un médico colombiano con quien decidió irse a vivir a Colombia.

Noemí nunca se fue de su casa. Ella esperó mi día de bautismo, el 17 de marzo de 1963 el día de San Patricio en la Cripta de la Basílica de Luján, para emigrar al día siguiente, pero la realidad es que su espíritu vivió para siempre en Estomba 496, aunque se radicó en Barranquilla, Colombia.

En los tiempos de mi infancia, las comunicaciones no eran tarea fácil como hoy. Recuerdo a mi padre solicitando la llamada y la operadora informaba que en cinco días condicional, Si había una emergencia había que mandar telegrama.

Desde que nací vivieron comparándome con Noemí, la ausencia la había hecho crecer y todas las expectativas estaban puestas en que yo ocupara su lugar. Llegué a tener mucho dolor por eso, cada paso mío era comparado con ella, y hasta sentí cierto resentimiento porque yo estaba borrada por su ausencia.

La imagen cambió radicalmente cuando viajé a Colombia, cuando realmente conocí a Noemí. Mi tía, mi madrina era una mujer maravillosa, a la que yo me parecía más que a mi propia madre porque veíamos la vida de la misma manera. Ella entregó su vida a sus hijos, a su familia, y fundamentalmente con una claridad de pensamiento y de visión impresionante.

Era una muy bella mujer, mi madre contaba que un día mi papá (locutor de Radio El Mundo) estaba en la puerta de la radio charlando con Antonio Carrizo (2), y Noemí pasaba caminando por la calle Maipú, dicen que Tony Carrizo se quiso abalanzar para invitarla a salir, y que mi papá se plantó y le dijo: “¡no! es mi hermana”.

Noemí vivió en Barranquilla, y sufrió lo que sufren quienes no son del lugar, siempre fue una argentina viviendo en Colombia con acento y costumbres colombianas.

Tuvo tres hijos, mis primas Cristina, Mónica mi hermana del corazón y a Juan Manuel. Tuvo cuatro nietos varones y el sabor amargo de nunca haber llegado a la felicidad plena personal, pero lo que sé que Noemí vino a este mundo con la misma misión que mi abuela Carmen y yo, las tres vinimos a repartir sonrisas y a cargar responsabilidades. Nunca tuvo la resignación a la que yo llegué.

Desde hace mucho tiempo Noemí ocupó en mi corazón el lugar que mi madre no quiso, Noemí estaba cuando necesitaba la palabra de una mamá, por Skype, pero estaba ahí.

Hace unos años Noemí se enfermó de cáncer. Peleó hasta donde pudo, pero el lunes pasado bajó los brazos, y se liberó de ese cuerpo que aprisionaba su alma que ya no la dejaba ser por sus dolores.

Con la partida de Noemí se cerró la casona de Estomba 496. Si bien desde hace años la casona no está más, siempre fue mi castillo de la mente, el pasillo, el patio, los cuartos gigantes, el lavadero, el baño y la cocina. Las tardes en que mi abuela me enseñó a cocinar.

Todos se fueron, mi abuelo Juan, mi tío Negro, mi abuela Carmen, mi papá Coco y mi tía Noemí. Se cerró la página que daba la última vuelta de llave donde se guardaron mis tardes de juegos.

Gracias tía, te quiero mucho. Es momento de desplegar tus alas. Sé que Dios te ha recibido con honores, fuiste una gran mujer. Gracias por ocupar en mi corazón ese vacío tan grande. ¡¡¡Te voy a extrañar!!!

Mientras tanto, aunque en Estomba 496 hoy haya otra construcción, la casa sigue en pie en quienes hemos dejado parte de nuestros sentimientos allí. Hasta siempre!!!

(1) Petrona Rosende de Sierra (18 de octubre de 1787, Montevideo – 1862, Buenos Aires) fue una periodista y poeta uruguaya nacionalizada argentina. Es considerada la primera periodista argentina.

(2) Antonio Carrizo (nacido como Antonio Carrozzi, General Villegas, Buenos Aires, 15 de septiembre de 1926) es un periodista, locutor y animador.

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