Soy argentina, vivo en Buenos Aires, y la verdad estamos dentro de un maravilloso lugar donde se perdió la magia, la esperanza.

Hoy los noticieros hablan de una señora que es nuestra empleada ejerciendo el cargo de presidente que tiene el tupé de criticar al pueblo argentino tergiversando todo y pontificando desde… ¡¡¡FACEBOOK!!! A mi no me importa lo que dice esta señora la cual ha hecho de la mentira su forma de vida.

Aunque el Papa sea argentino, la fe solo se ve en los templos que emplazaron los santos de moda “San Expedito”, “María la que desata los nudos”, pero los días de misa, se ve que la gente que concurre no tiene el ejercicio de seguir una misa, muchos de ellos van un día a la Iglesia Católica, otro al templo evangélico, y el siguiente a la señora que le lee el tarot. No pienso que sean falsos, simplemente están buscando esa luz de esperanza que hace tiempo desapareció.

Unos meses atrás, una amiga que viajó a los Estados Unidos, me contaba que los americanos le tenían lástima por el gobierno que tenemos. El problema no solo es el gobierno, vivimos en el templo de la corrupción, donde el que quiere llegar a la verdad se lo mata, donde se critica al soberano (el pueblo) con una presidente que como adolescente expresa sus furia en las redes sociales y ante sus padres miente, miente y miente.

Estoy cansada, hoy me preguntaba ¿tengo sueños?, no, ya no los tengo. Mi ambición es poder pagar las cuentas a fin de mes y que a mi hijo no le pase nada. Recuerdo a mis abuelos que al menos tenían la esperanza de sacar el Quini 6 para salir y sacar un poquito la cabeza fuera del agua, yo ni siquiera tengo eso, porque no juego.

¿Viajar? si, ese sería un sueño, pero en un país donde se tienen montones de cambios para el dólar y una moneda que no vale nada, mejor olvidarse. ¿Una carrera? Ya hice todas las que quería, y mis títulos se encuentran bien guardados porque estoy vieja con mis 52 años para retomar mi profesión.

Mientras tanto, hay un trasfondo siniestro, desaparecen armas, municiones y misiles, un gobierno fuera del control de la lógica y todos con una tristeza muy grande.

Tratamos de tapar nuestra desazón mirando día a día la novela turca, por un ratito nos zambullimos en la realidad ficticia de Onur y Sherezade, para apagar la televisión, dormir, y despertarnos a contar los pocos pesos que nos quedan que a veces ni alcanza para comprar dos papas.

Es muy triste ser argentino hoy, porque cuando vemos nuestro espejo que es Venezuela quienes se adelantan en los horrores y barbaridades unos meses, vemos lo que sucede y tenemos miedo, de que una desquiciada con poder nos acuse de terrorismo de estado, porque no podemos más, porque habla de destituyentes cuando no queremos que se vaya en el helicóptero, queremos que se vaya el día en que tiene que irse y que de cuentas a la justicia de todas sus mentiras, su fortuna y otras cosas peores.

SI alguien me puede dar una señal de donde se encuentra la magia, la esperanza, se lo voy a agradecer que me lo cuente. Hoy, ser argentina, es una de las situaciones más tristes que nos toca vivir, ya que la señora presidente muestra un total desprecio sobre quienes no pensamos como ella, la expresión más antidemocrática que se pueda vivir en un país supuestamente democrático.

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