Siempre me pregunto recordando mis convencidas afirmaciones de la vida, cómo cambiamos intentando adaptarnos a la realidad. He cumplido con muchos de mis enunciados, profesiones que prometí tener, y la afirmación de ser madre. Pero otras cosas quedaron en el camino.

Cuando sos joven pensás que el rumbo de la vida va a seguir de acuerdo a tus gustos y elecciones, pero éstas son limitadas ya que como la vida es una carrera de postas, solo podés elegir entre las pocas opciones y muchas veces ni siquiera hay más de una, en ese caso solo hay que cerrar los ojos y soportar.

Me intriga mucho dos cosas de la vida que aunque hemos crecido con ellas, siempre nos instalamos en la esperanza de que a nosotros no nos va a pasar. Toda mi vida vi fracasos matrimoniales, que aunque hayan vivido juntos “hasta que la muerte los separó” eran todos infelices y miserables, pero nadie lo decía.

En mi familia las disidencias matrimoniales, eran “bastante normales” a lo que vemos día a día, pero por ejemplo, mi abuela tenia unos vecinos españoles, que ella era una mujer maravillosa, su oficio era “modista”, se deslomaba todo el día en esa máquina de coser, pero cuando su marido la llamaba antes de volver del trabajo, sabía por su tono de voz si le iba a pegar. Inmediatamente golpeaba la puerta de la casa de mi abuela y le pedía por favor que rece por ella. Mi abuela prendía una vela a San Marcos de León y empezaba a rezar. Cuando el señor llegaba, se escuchaban los gritos ya que ambas casas tenían en sus patios una parra por techo que daban exquisitas uvas chinche todos los años. Los gritos del señor y el llanto de ella, más que angustiarme me paralizaban. Cuando terminaba, mi abuela le agradecía a San Marcos de León porque no le había pegado, y me hablaba de lo milagroso que era el Santo, que lo había “amansado”.

En mi familia, solo se veían infidelidades y hastío. O sea, había asistido a clases, pero nunca aprendí la lección. Por supuesto me casé ilusionada, pero sufrí infidelidad y protagonicé el hastío. Seguí con el mandato familiar.

La vejez va en deterioro. Tengo 52 años, cuando era chica las señoras de 52 años ya eran abuelas o se preparaban para serlo. En estos tiempos tenemos que aprender a que envejecer es intentar ponerse una máscara de joven.

Somos invadidas por publicidades de cremas, que nos remarcan constantemente que no podemos envejecer dignamente. Xuxa en un español que nos lastima los oídos nos dice las cremas que tenemos que ponernos, bueno, por lo menos Xuxa es una cincuentona que nos habla de igual a igual, hay otras publicidades que ponen a niñas de 20 diciéndonos a las de 50 que vamos a quedar así si usamos su producto.

Madonna que en otros tiempos era la rebelde admirada, hoy se ve como una vieja ridìcula. Me pregunto si alguien se lo avisó.

Pero en fin, la pelea estética contra el tiempo, es lo secundario en esta vida. Hay cosas más terribles, la extensión desmesurada de la vida que nos lleva a ser una generación en la que nuestros padres no se ocuparon de nosotros, pero hoy tenemos a ellos a cargo en un estado en el que mejor deberían partir.

Hace unos días hablaba con una amiga, le decía que pienso que después de los 70 años la mejor alternativa es morirse. Mi padre murió a los 71 del corazón, todos lo extrañan y no fue una carga para nadie. Mi madre ¿vive? en un hogar vegetando con 90 años. Ella no vive, respira y quien se hace cargo, (yo) tampoco vive.

Lo increíble que esta sociedad que tanto me cuesta entender, tiene cientos de hogares para perros, pero para personas mayores… si no tienen alguien que se haga cargo mueren en la calle.

PAMI supuestamente tiene la obligación de proporcionarte un geriátrico, pero no es tan fácil, si la persona vive en una casa de su propiedad, PAMI la solicita para alquilarla para darle un hogar al anciano, si uno no proporciona la vivienda, entra en una siniestra lista de espera, a la que no llega a menos que tenga un “acomodo” en PAMI. Son pocos los geriátricos que trabajan con PAMI, y en esos pocos solo tienen una cama disponible.

Los precios de los Geriátricos, son impagables, los más económicos rondan los 15 mil pesos (unos dos mil dólares) mensuales. De esta manera, muchos terminan en geriátricos que no son legales, no porque sea una mala persona, es por lo que se puede pagar que tampoco son tan económicos.

Me pregunto cuál fue el objetivo de la desmesurada extensión de la esperanza de vida. Se favorecieron laboratorios, geriátricos, pero a la gente no se le hizo un favor, todo lo contrario.

El mundo es un lugar en el que pretende que quedes afuera cuando ya no brillás, yo soy una elegida que encontré un trabajo en relación de dependencia a los 50 años, pero soy una excepción como algunos otros, pero no es lo común, el mercado laborar te deja afuera muy temprano,  y uno, con ingresos bajos debe hacerse cargo de gastos muy altos.

Nadie escucha los gritos de los adultos que estamos viviendo en este mundo. ¿Acaso viviremos en 20 años suicidios masivos? Mucha gente ve que la solución será esa, pero sería interesante que los gobiernos corruptos que nos rodean, sepan que quienes sostenemos este sistema perverso en el que quedamos excluídos, vemos un futuro demasiado negro.

Mientras tanto, a mis 52 sigo haciendo equilibrio mientras rueda la perinola y siempre sale “pone todo”.

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