De jóvenes pasamos por la vida tan rápido, que ni nos damos cuenta que hay momentos que van a quedar impregnados en nuestra alma como un tatuaje en la piel. No nos damos cuenta que estamos guardando pequeñas postales, que solo Dios sabe porque nos deja esas y no otras.

Ultimamente estoy recibiendo lecciones de Dios, y la bendición de poder apreciarlas. La lección es que no deje pasar el tiempo, que éste es de los afectos y no de la rutina que me enloquece.

Es así que  la semana pasada murió un amigo al que no fui a ver por falta de tiempo, y esta semana falleció una prima que me encontró por Facebook hace cinco años, y a pesar de la insistencia de ella por encontrarnos siempre estaba apurada, cansada u ocupada.

Gracias a Spotify, me puse a escuchar canciones que amaba, y así llegué a Kenny Loggins cantando Meet me half way, que sin saberlo era la canción que compartíamos con un novio que amé, que tristemente se mató en la ruta en un accidente espantoso. En ese momento no nos deteníamos en la letra, pero decía mucho de su futuro.

Hoy tomé la decisión de no aplazar los afectos, hacer ese viaje que hace años planeo para visitar a la gente que amo. Al fin de cuentas, el amor es todo.

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