Después de años de taparme con velos, lentamente vuelvo a la vida. No hay un porque… simplemente en un determinado momento decidimos aparecer, dejar de ser invisible. Hoy me acompaña la música y los aromas, y nada hace ver que todo vaya a cambiar, simplemente decidí encontrarme conmigo.

La historia se repite cada tanto, esos momentos en la vida en que siento que Dios me pone su mano en mi nuca y me conduce, tiempos de dejarse llevar por el destino, por la vida. De disfrutar el hoy, de dejar la carga del pasado en una baulera y de intentar asombrarme con lo que el futuro me dará cuando me lo muestre en mi presente.

He vuelto a hacer música, y a asombrarme con cada rincón de mi vida. Mis ojos retoman su color, un negro profundo como un pizarrón para dibujar y soñar, no como cuando se ven verdosos, cuando mis ojos toman ese color, es la tristeza que los destiñe.

Mañana será un día más para disfrutar, ayer fue maravilloso, y hoy, el más bello regalo de la vida.

 

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