A veces siento que en una misma vida viví dos vidas, una antes de enamorarme a los 25 años, el amor me hizo renacer, ahí comenzó mi segunda vida que aún continúa.

Como en Orlando de Virginia Woolf, he ido cambiando de escenarios, de vida, de gustos. Quienes me conocieron en mi primera vida, algunos no me reconocen y otros creen que hoy guardé a esa mujer en algún rincón bajo siete llaves.

El amor modificó mi existencia, mi visión del mundo y aunque hoy tengamos vidas separadas, nunca me olvidaré el año en que apareció en mi vida, desde nuestra primer mirada hasta el vuelo cuando fui a su encuentro. Ahí nací nuevamente.

Mi maternidad, doce años después, reafirmó la mujer que soy hoy, responsable, trabajadora, organizada, madraza y con una gran fe en Dios.

Hoy me sentí extraña cuando alguien de mi pasado me habló de mi otra vida, la que abandoné 27 años atrás, la apasionada, la que no medía consecuencias y que solo actuaba por pasión. Era como que hablaban de otra persona, no me reconocí en el perfil al que apelaba mi interlocutor.

¿Será posible vivir varias vidas en una? No lo sé, reconozco dos vidas muy marcadas en mí. Si hay una tercera, no lo sé y tampoco tengo curiosidad por conocerla. A diferencia de cuando transitaba la primera que internamente quería un cambio radical en mi vida, en ésta vida me encuentro muy cómoda y feliz. Por supuesto falta algo fundamental, el amor, pero quizá cuando menos lo espere, va a llegar para completar la felicidad.

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