Esta semana me enteré a través de Facebook, que un cantante que había participado en el ciclo “La Voz” se había suicidado. Quien había posteado la triste noticia, decía que las causas serían la no aceptación de su entorno de su condición homosexual. Me puse a pensar si todos los homosexuales del mundo se suicidarían por no ser aceptados por su entorno, la mayoría probablemente cambien de entorno. Entendí que lo peor que le habría sucedido a este cantante, es que tendría una depresión y por enfocarse en culpar a su entorno no a la causa real, no buscó la ayuda adecuada.

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Cuando tenía 18 años y trabajaba como modelo, ya vislumbraba mi problema de subir de peso con facilidad. Radicalmente dejé de comer, me alimentaba a té y alguna galletita por ahí. Nadie hablaba de anorexia, esa patología en ese entonces era algo raro por lo cual había muerto “la chica de Carpenters”. Yo seguí sin comer, hasta que no pude levantarme más, ahí me dieron inyecciones de hierro a más no poder, vitaminas, y toda la munición posible para recuperar mi cuerpo. Volví a un peso saludable y no caí más profundo con la convicción de tener anorexia porque en ese momento era algo que “pasaba esporádicamente y muy lejos”. ¿Qué habría pasado si a mi locura temporaria la hubieran etiquetado? Probablemente hoy estaría muerta, habiendo invertido más del dinero que tenía en psicólogos, psiquiatras y medicación que me hubiera dejado peor de lo que estaba, y con el convencimiento de que eso se llamaba anorexia, hubiera hasta dejado de tomar té.

Siempre me llamó la atención el deseo de “aceptación” de la comunidad homosexual. Mostrando la “necesidad de ser aceptados” están afirmando que su vida está fuera de lo que el mundo considera normal, y yo creo que todos somos personas, cada quien con sus elecciones personales, pero nadie tiene que luchar por “ser aceptado”, la aceptación es de personas, que pueden tener una actitud amplia o pensar como Pedro Picapiedra, pero con marchas no vamos a cambiar la mentalidad de quien no quiere aceptar gente o circunstancias diferentes a su realidad. El mundo siempre critica, yo nací en la década del 60, cuando era adolescente, si alguna vecina veía que alguien te traía en un auto o te veían caminando con un hombre, te decían que eras una prostituta, sin ir más lejos, como yo trabajaba en televisión, una vecina hasta llegó a decir que yo trabajaba en películas pornográficas. Quizá hoy merecería una denuncia por bullying, gastando fortunas en abogados, o una causa por calumnias e injurias. A cambio de eso, seguí con mi vida sin preocuparme lo que pensaba la gente.key-ring-157133_1280

Todo hoy tiene su etiqueta, lo que lleva al ego a sentirse más orgulloso, o sea, en vez de combatir una patología, nos acomodamos en el rótulo y cada vez lo profundizamos más.

¿Por qué son necesarias las etiquetas? No lo sé, no soy psicóloga ni socióloga para afirmarlo, pero pienso que es un problema de inmadurez general, esa debilidad por pertenecer a tribus, a grupos en vez de trabajar para afirmar nuestra personalidad. Quizá si la madurez llegara a la sociedad no invertiríamos fortunas en tratamientos diversos para justificar lo injustificable, y tendríamos mejores gobiernos que ayudaran a mejorar nuestra nación.

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