Hace tiempo que lo vengo comprobando, absolutamente todo lo que deseé en mi vida, tarde o temprano se hizo realidad, y quienes tenemos una mente conectada con las historias fuertes, tenemos que tener cuidado.

Cuando estaba casada y mi matrimonio estaba en un momento difícil, el departamento donde vivía,  tenía una ventana en el lavadero  en la que veía despegar y aterrizar los aviones del Aeroparque Jorge Newbery, estaba aproximadamente a 2 km en línea recta, mientras tendía la ropa, lloraba y decía: “voy a encontrar un trabajo en el que tenga que pasar gran tiempo viajando” y… ¿adivinen qué pasó?

Lo más increíble que me pasó, en la década del ’90, siempre pasaba caminando por un edificio que lo veía y me encantaba, cada vez que pasaba decía “quiero vivir acá”. Cuando me casé, ¿adivinen donde viví?

Si yo supiera como funciona ésto, juro que sacaría la lotería todas las semanas, y me dedicaría a ayudar a muchos, pero la verdad, no sé como funciona, porque a veces lo que deseamos, no es lo ideal.

Ten cuidado con lo que deseas, porque se puede cumplir… y es muy cierto, porque lo que me pasa, es fruto de mis deseos.

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Hace bastante tiempo que decía “quiero ser la heroína de mi propia vida”, y ahora pienso que cada vez que uno dice algo, hay que pensar todo, ¿por qué? porque llegué a la conclusión de eso, cuando un hada traviesa agitó su varita e hizo que me convirtiera en una heroína romántica como Scarlet de “Lo que el viento se llevó”.

Tuve que hacerme cargo de mi casa, de mi familia, pelear contra vientos y tempestades, y aunque no aparezca el señor Red Butler, muchos me cortejan pero como en una historia de amor, nadie concreta.

Cansada de escuchar de que soy linda y hermosa, y el “te voy a invitar a salir” que nunca llega, me doy cuenta de que las heroínas quedan plasmadas en los libros y en las películas, y que esta vida mágica que tengo me tiene encerrada en un libro que aún no tiene título ni tapa.

Quizá sea el momento de hablar con las hadas, para que sacudan su varita para ser una mujer común, las princesas que sigan encerradas en sus cuentos, yo, ¡quiero vivir!

 

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