Soy grande, pero no tanto… eso sí, lo suficiente para haber conocido el mundo sin envases descartables.

Recuerdo la botella de aceite gigante y marrón, con tapa como chapitas de gaseosas, y cada vez que se acababa el aceite, para ir a comprar había que llevar el envase vacío, salvo que compraras aceite de oliva que venía en lata.

Todo tenía envase, las gaseosas, el agua, la leche y siempre había que llevarlas para traerse una nueva. Galletitas en paquete, eran solo las Manon para ir a la escuela en envase de cinco unidades, y que tampoco era de plástico, tenía la etiqueta que rodeaba el envoltorio en papel manteca. Las que no venían en paquete, se compraba al peso en el almacén y no te las ponían en bolsa de plástico, en papel de estraza (papel de envolver) en el que el almacenero se destacaba por envolver magistralmente con forma de empanada de papel.

Los tiempos corrían, y empezaron a aparecer los envases plásticos, primero fueron los sachet de leche, que recuerdo que mi abuela los juntaba para cortarlos prolijamente en tiras y tejer una bolsa de mandados al crochet porque decía que eran más resistentes. Claro, yo era una niña tonta que creía que mi abuela no había entendido nada, que el descartable era para liberarnos del trabajo y no para crearse uno, hoy, si mi abuela estuviera viva, sería una maestra del reciclado.

Todo venía para aliviarnos la vida, las latas, las botellítas, hasta que… el mundo colapsó de basura.

El mundo horrorizado no sabe donde se va a meter toda esa basura contaminante llena de plástico, bolsas, bolsitas, botellas, botellitas… el grito en el cielo, hasta que finalmente se prendió la lamparita: “HAY QUE RECICLAR”, y los que tenemos conciencia, lo hacemos.

He descubierto que tengo más para reciclar que para descartar, que las dos bolsas de basura diarias, se convirtió en media diaria al sacar el material reciclable, pero claro, el objetivo de sacarnos trabajo del descartable, hoy es el triple, ya que no se puede reciclar si el material no está limpio y seco.

Los departamentos son chicos, y ahí anda de acá para allá la bolsa de reciclado que uno no sabe donde ponerla. Tiempo, esfuerzo y espacio es lo que nos cuesta que unos genios nos hayan arruinado la vida.

Mientras lavo una botella de gaseosa y la pongo a secar para reciclar, me pregunto si en vez de poner cooperativas de recicladores no sería mejor volver al método viejo, con máquinas que limpien los envases, de modo que toda esta gente que trabaja con la basura, tenga empleos genuinos en empresas.

Sería lindo volver a comprar con las botellas, que el almacenero nos haga la empanadita de papel con las galletitas, y que además de todo, si los productos no vienen en envases plásticos, deberían bajar sus precios.

No siempre el avance es real, el descartable fue un atraso a muchos años de aire puro.

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